Edward Luce / Financial Times

El miércoles, Europa pasó de ser enemigo de EEUU a un gran amigo. El próximo lunes las cosas podrían cambiar.

La única persona que puede estar seguro de cómo reaccionará Trump es él mismo. Y es probable que ni siquiera él lo sepa. En mi opinión, la tregua alcanzada con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, será duradera. A Trump le encantan los halagos y el acuerdo de última hora con Bruselas ha recibido una gran ovación a ambos lados del Atlántico. Europa ha sido indultada. . El destino de China es ahora más incierto. Todo apunta a que las presiones a China serán respaldadas por los europeos y la comunidad empresarial de EEUU.

Las dos partes siempre han defendido la presión a China para que los inversores extranjeros operen en igualdad de condiciones. Además, el plan de Xi Jinping, conocido como “Made in China 2025”, pretende robar terreno a EEUU en materia de Inteligencia Artificial. Ante esta situación, todo apunta a que Trump reaccionará. Hay tres fuerzas que provocarán un empeoramiento de las relaciones entre EEUU y China.

La primera es política. A medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato en EEUU crecerá el alarmismo sobre China. A Trump ya le funcionó en 2016. En ese año acusó a China de haber violado a la economía de EEUU. Nunca ha dicho algo parecido de Europa. Nunca se ha acusado a Europa de robar sus puestos del sector manufacturero.

La segunda es geopolítica. Trump necesitó la ayuda de China durante sus primeros 18 meses para presionar a Corea del Norte. Sin las sanciones de China, cuesta trabajo imaginar que Kim Jong Un hubiera emprendido la desnuclearización de Corea del Norte. La zanahoria fue el levantamiento de sanciones. Tras lo sucedido en estos días, cuesta trabajo creer que China vuelva en algún momento a presionar a Pyonyang una segunda vez. Cuando fracase el acuerdo con Corea del Norte, Trump necesitará a alguien a quien echar la culpa. China también está en el lado equivocado en la postura de Trump con respecto a Irán. Para la mayoría de empresas europeas, la perspectiva de perder negocio en EEUU es mucho peor que la de perder negocio en Irán, pero para China es distinto. Durante la última época de aislamiento al régimen, Pekín se convirtió en su soporte. China volverá, aunque esta vez desafiando a Trump. Por su parte, Taiwán ofrece a Trump una forma de tomar represalias muy suculenta. No hay que olvidar que la primera llamada de enhorabuena que recibió Trump al ganar en 2016 fue del líder de Taiwan, Tsai Ing-wen. Taiwán es para China lo que Cuba fue para EEUU durante la Guerra Fría.

La tercera es la falta de flexibilidad de China. Las quejas de Trump hacia Europa son exageradas, pero las que le enfrentan con China no lo son tanto. Si Trump quiere un acuerdo de bienes industriales con Europa, como se cree, debería ser posible. Ambas partes del Atlántico se muestran relativamente abiertas. Si hay voluntad, hay margen para la negociación. En cambio, la postura de Pekín es firme. Harán falta algo más que fanfarronadas para convencer a Xi de que cambie de postura.

¿Están EEUU y China condenadas a enfrentarse? No, pero cada vez parece más fácil imaginar un choque entre las dos. Xi se mantendrá a la espera. Encontrará oportunidades para que Trump declare victorias de cara al exterior. pero su margen de error se reduce. Trump no es el tipo de presidente que espera al momento adecuado.